Carisma Recoleto

Carisma

Nuestro Carisma Agustino Recoleto nace como una moción comunitaria del Espíritu en distintas personas y en distintos lugares. Su plasmación comienza el 5 de Diciembre de 1588 con la determinación del capítulo de la provincia Agustiniana de Castilla en Toledo que autoriza la creación de tres monasterios de varones y otros tantos de mujeres según la forma de vivir de los frailes recoletos redactada por Fray Luis de León. Pero también surge en Colombia en el desierto de La Candelaria y en nuestras tierras en el convento de Eguia en la ciudad de Lima fundada en 1619 y que desaparecerá en 1826.

La Forma de vivir, redactada por Fray Luis de León, fue aprobada por el definitorio provincial en septiembre de 1589 y, ocho años más tarde, obtuvo la confirmación pontificia. Sus catorce capítulos traducen y concretan el deseo de mayor perfección en una intensificación de la vida contemplativa y comunitaria, y en una acentuación de los rasgos ascéticos de la vida religiosa. Comenzaron a practicarse en el convento de Talavera en octubre de 1589.

El carisma es una experiencia del Espíritu Santo que implica un modo específico de ser, una específica misión y espiritualidad, estilo de vida fraterna y estructura al servicio de la misión eclesial. El carisma Agustiniano se resume en el amor a Dios sin condición, que une las almas y los corazones en convivencia comunitaria de hermanos, y que se difunde hacia todos los hombres para unirlos en Cristo dentro de su Iglesia. La vivencia del propio carisma les transmite la vitalidad que procede del Espíritu Santo, los renueva constantemente y los impulsa a la formación permanente para estar disponibles en el servicio de la Iglesia.

¿Dónde nos encontramos?

Valores

Los valores que caracterizan nuestro estilo educativo se inspiran en la trayectoria vital y en la doctrina de san Agustín y responden a las aspiraciones más profundas del ser humano.

1.1.  Interioridad

«No quieras dispersarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior ha- bita la verdad; y si encuentras que tu naturaleza es mudable, trasciéndete a ti mismo» (SAN AGUSTÍN, uera rel. 39, 72).

Ante el reto de la dispersión y la superficialidad, se entiende la interioridad como una acti- tud fundamental en virtud de la cual se opta por las capacidades y valores que tienden al mundo interior de la persona. Se expresa a través del silencio, la reflexión, el recogimiento y el realismo.

 

1.2.  Verdad

«La voz de la verdad no calla; no mueve los labios, pero vocifera en el interior del cora- zón» (SAN AGUSTÍN, en. Ps. 57, 2).

Ante del reto del relativismo, la razón y la fe posibilitan encontrar en el interior del hombre la Verdad que lo dignifica como imagen de Dios. La Verdad se expresa a través de la au- tenticidad, la honradez, la humildad y la sinceridad.

 

1.3.  Libertad

La auténtica libertad es vivir «no como siervos bajo la ley, sino como personas libres bajo la gracia» (SAN AGUSTÍN, reg. 8, 47).

Ante el reto del consumismo hedonista e intrascendente, la libertad es la capacidad de vivir despojados de todo aquello que no permite el desarrollo de la dignidad de la persona. Ser libre implica autoposeerse para disponerse y darse a Dios y a los hermanos. La libertad consiste en no vivir esclavos ni de nadie ni de nada, ni de nosotros mismos, sino ser capa- ces de elección y asunción de un proyecto personal y social en cada momento; se expresa a través de la responsabilidad, la autodeterminación, la coherencia y la planificación.

1.4.  Amistad

«Amar y ser amado es la cosa más importante para mí» (SAN AGUSTÍN, conf. 3, 1).

Ante el reto de la superficialidad y de la indiferencia insensible, la amistad significa un vínculo que une a las personas en mutua simpatía, cuyo ideal es llegar a tener todo en co- mún, y dedicarse juntos a la búsqueda de Dios con una sola alma y un solo corazón. Se expresa a través de la confianza, la confidencia, la fidelidad y la entrega.

 

1.5.  Comunidad

«La caridad […] se entiende así: que antepone las cosas comunes a las propias y no las propias a las comunes» (SAN AGUSTÍN, reg. 5, 30).

Ante el reto del individualismo narcisista y competitivo, la comunidad es la vivencia de una actitud opuesta al egoísmo, la autocomplacencia y la comprensión del liderazgo como poder. Se expresa a través de la comunicación, la comunión de bienes, la aceptación de lo diferente y la elaboración de proyectos comunes de futuro.

 

1.6.  Justicia Solidaria

«Das pan al hambriento, pero mejor sería que nadie tuviese hambre, y así no darías a na- die de comer. Vistes al desnudo, ¡ojalá que tuviesen todos vestidos y no existiese tal ne- cesidad!» (SAN AGUSTÍN, ep. Io. 8, 5)

Ante el reto de la exclusión social, la injusticia y la proliferación de una cultura de la muer- te, la justicia solidaria tiende a la forja de personas que ganen en conciencia de interdepen- dencia entre los hombres y las naciones 7. Se expresa en la misericordia, la defensa pública de los valores negados, la opción por los excluidos y la estima de la interculturalidad.